Medir el efecto de los cuentos en la imaginación de un niño exige distinguir entre lo que corresponde al ritual familiar, la adquisición del lenguaje y la construcción mental de imágenes. El estudio CNL/Ipsos de 2024 documenta una clara diferencia entre el placer de leer de los más pequeños y su disminución progresiva durante la adolescencia. Este dato plantea una pregunta analítica concreta: ¿qué mecanismos de la lectura compartida producen un efecto duradero en la imaginación y en qué momento pierden eficacia?
Lectura en voz alta y construcción de imágenes mentales en los niños
Cuando un adulto lee un cuento en voz alta, el niño no recibe una imagen ya hecha. Una frase que describe a un personaje o un lugar obliga a su cerebro a crear su propia representación visual y a elegir colores, formas y texturas que no aparecen en el texto.
Este trabajo de creación mental de imágenes distingue la lectura de los dibujos animados o los vídeos, donde las imágenes vienen dadas. La narración oral deja un espacio que el niño llena con sus propias referencias, sus recuerdos sensoriales y las emociones del momento.
El lenguaje de la narración desempeña un papel distinto al del lenguaje cotidiano. Las estructuras de las frases son más elaboradas, el vocabulario es más variado y las entonaciones, más diversas.
Esta riqueza sintáctica anima al niño a manejar estructuras que no oye en las conversaciones habituales, lo que amplía tanto su repertorio lingüístico como su capacidad para imaginar situaciones nuevas. Entre los cuentos de Histoire D’Enfant, esta diversidad narrativa está presente en relatos concebidos para estimular activamente la participación imaginativa del joven lector.
El psicólogo Lev Vygotski describía el juego simbólico como un motor del desarrollo cognitivo. La lectura compartida funciona según el mismo principio: el niño ensaya mentalmente situaciones que aún no ha vivido, lo que refuerza su capacidad para resolver problemas y comprender las emociones de los demás.

El placer de leer según la edad: dónde se produce el cambio
Los datos del estudio CNL/Ipsos 2024 revelan que el placer de leer disminuye claramente a lo largo de la adolescencia. Este descenso no se produce de golpe, sino que aparece de forma gradual, a menudo entre el final de la educación primaria y el inicio de la secundaria.
| Franja de edad | Relación con la lectura por placer | Función de los cuentos compartidos |
|---|---|---|
| 0-5 años | Descubrimiento sensorial y emocional del libro | Fundamental: el placer nace de la voz del adulto y de manipular el libro |
| 6-8 años | Aprendizaje de la decodificación; la lectura puede vivirse como un esfuerzo | Mantiene el vínculo afectivo con la narración durante la fase de adquisición de la técnica |
| 9-11 años | Autonomía creciente y diversificación de los intereses | Transición: el niño ya puede leer solo, pero sigue beneficiándose de la lectura compartida |
| 12 años o más | Disminución frecuente de la lectura por placer | Menos lecturas compartidas y competencia de otras actividades |
La tabla pone de relieve un aspecto que suele subestimarse: entre los 6 y los 8 años, el esfuerzo técnico puede apagar el placer. El niño que descifra sílabas con dificultad no recupera la experiencia inmersiva que vivía al escuchar un cuento. Seguir leyendo en voz alta durante esta etapa mantiene el vínculo entre narración y placer, aunque la lectura autónoma siga resultándole laboriosa.
Pantallas y cuentos en audio: ¿competencia o prolongación de la narración?
El Ministerio de Educación Nacional, basándose en el estudio CNL/Ipsos de abril de 2024, señala que los jóvenes dedican mucho más tiempo a las pantallas que a leer libros en su tiempo libre. Sin embargo, atribuir el descenso de la lectura a una única causa sería simplista: los análisis históricos muestran que algunos descensos de la lectura son anteriores a la generalización de los teléfonos inteligentes.
Las recomendaciones del ministerio incluyen los cuentos en audio como recurso complementario. Escuchar una narración durante un trayecto o mientras se realizan tareas domésticas amplía las oportunidades de entrar en contacto con los relatos, también para los niños que en un momento dado no quieren abrir un libro.
La diferencia entre los formatos reside en el tipo de esfuerzo cognitivo que requieren:
- La lectura autónoma exige descodificar visualmente las palabras y construir imágenes mentales al mismo tiempo, por lo que es la actividad que más estimula la imaginación.
- Escuchar un cuento leído por un adulto o en un formato de audio mantiene la creación de imágenes mentales y elimina el esfuerzo de descifrar el texto.
- Ver un contenido en vídeo proporciona imágenes y sonidos, y reduce el espacio que queda para la imaginación del niño.
La cuestión no es contraponer estos formatos, sino entender que cada uno estimula la imaginación en distinto grado. Un niño que escucha un pódcast narrativo ejercita más su imaginación que uno que ve dibujos animados.

Fomentar el placer de leer más allá de los primeros cuentos
Presentar las ganas de leer como algo que se adquiere automáticamente tras unos años de lectura compartida no se corresponde con los datos disponibles. El placer de leer se renueva o se apaga según las condiciones en las que el niño descubre los libros.
De las recomendaciones institucionales y las prácticas documentadas se desprenden varias medidas concretas:
- Mantener la lectura en voz alta incluso después de que el niño aprenda a leer solo, para preservar el vínculo afectivo con la narración.
- Alternar distintos formatos (álbumes ilustrados, novelas cortas y cuentos en audio) para evitar que la lectura quede reducida a un único formato asociado al esfuerzo escolar.
- Dejar que el niño elija sus cuentos sin establecer una jerarquía entre géneros, porque un niño que lee lo que le gusta lee durante más tiempo.
- Incorporar momentos de lectura en contextos ajenos a la escuela (vacaciones, trayectos y ratos de tranquilidad) para desvincular los libros de la obligación.
El programa «En vacaciones, yo también leo», impulsado por el Ministerio de Educación Nacional, sigue esta lógica: proponer la lectura como una actividad de ocio, desvinculada del entorno escolar.
El papel de los personajes en la continuidad del placer de leer
Los relatos que dejan una huella duradera en un niño suelen compartir una característica: tienen personajes con los que puede identificarse o a los que puede integrar en su propio universo. Esa identificación alimenta las ganas de volver a encontrarse con un personaje, descubrir qué ocurre después y prolongar la historia a través del juego.
El apego a un personaje suele ser el primer motor de la lectura autónoma. Cuando un niño pregunta «¿y después qué pasa?», el mecanismo del placer narrativo está funcionando. Este impulso sigue activo a cualquier edad, siempre que los relatos propuestos evolucionen con los intereses del niño.
Los cuentos infantiles no producen sus efectos por arte de magia. Funcionan porque activan procesos cognitivos concretos (creación de imágenes, manejo del lenguaje e identificación emocional) y porque un adulto o un entorno favorable mantiene las condiciones necesarias para que estos procesos perduren. El estudio CNL/Ipsos 2024 lo confirma por la vía negativa: cuando esas condiciones desaparecen, el placer de leer disminuye.



